Y muy despacio, el Tren del Fin del Mundo comenzó a alejarse de la estación cabecera de recorrido, que lleva el mismo nombre, y a adentrarse en los paisajes fueguinos más lindos que pudiéramos imaginar.

En el primer tramo de recorrido, el tren bordea el Río Pipo, después lo cruza a través del Puente Quemado, hasta llegar a la primera parada: la Estación Cascada de la Macarena, en donde hay dos senderos para realizar, ambos a pie: uno es el que dirige a una reconstrucción de las chozas de los indios yámanas, los primeros pobladores de la zona, y el otro llega hasta la pequeña cascada que da nombre a la estación. Los dos son muy lindos y recomendables y, aunque hay bastante poco tiempo para realizarlos, con un paso constante se pueden realizar.
Es que la parada en La Macarena es de tan sólo quince minutos, luego de los cuales se vuelve a subir al tren para continuar su recorrido en medio de los ríos, cascadas, montañas y bosques de lengas y coihués del Parque Nacional de Tierra del Fuego.
Por supuesto, también recorre el bosque subantártico, uno de los pocos que existen en el mundo, con su característico suelo de turba. Pero antes, el tren pasa por el cementerio de árboles talados por los mismos presos, hace años atrás, cuando Ushuaia comenzaba a ser lo que es hoy, y junto a los paisajes que veíamos, el relato en audio dentro del tren nos permitía imaginarnos el trabajo que realizaron esos penados en la zona, cortando árboles no sólo para erigir el presidio, sino también para obtener la leña que acondicione un poco las bajas temperaturas del sur argentino.
El recorrido termina en la Estación del Parque, en donde la locomotora se desengancha de los vagones y cambia de carril, para volver a unirse a la formación y así, el Tren del Fin del Mundo emprende su vuelta.
Fuente: Teleaire.com
