En la zona del microcentro de Buenos Aires se entremezclan los imponentes edificios históricos de una ciudad fundada en el siglo XVI, entre ellos el Cabildo, la Catedral y la Casa de Gobierno Nacional, con los rascacielos ultramodernos y el mar de teléfonos celulares de última tecnología, los trajes negros y las carteras de Louis Vuitton.

Y es la Recoleta el barrio porteño por mucho más “coqueto” y vanidoso. La calle Alvear, el centro comercial, las grandes marcas allí instaladas, con sus abultados precios en vidrieras, y la plaza Francia, entre otros detalles, lo atestiguan. Además, el cementerio que le da nombre a la zona y que fue habilitado como tal en el año 1822 por decreto del en aquél entonces Presidente Argentino Bernardino Rivadavia., y en él conviven una cantidad inconmensurable de esculturas y monumentos clásicos.
Por otra parte, otro barrio porteño que es un símbolo de la capital argentina, y que aparece entre los más visitados por cada turista que llega al país y a Buenos Aires, es La Boca. Éste lugar mantiene intacto su característica originaria de barrio inmigrante, hecho y desarrollado alrededor del puerto, por los italianos, sobre todo, pero también por europeos en general que, al llegar, fueron añadiendo sus coloridos y cosmovisiones particulares a la Boca, que son los que aún hoy le confieren esos tonos alegres, tan característicos de los que goza la zona rioplatense.
Un recoveco clave de La Boca es la calle Caminito, que fue convertida en una especie de museo al aire libre, de centro cultural también. De allí es oriundo el célebre pintor del Río de la Plata, Benito Quinquela Martín.
