Llegamos a la Isla de Tierra del Fuego por vía aérea y ya desde el avión pudimos ver las primeras imágenes de Ushuaia, la “bahía que penetra hacia el poniente”, tal el significado en lengua yámana de su nombre. La ciudad toda es una fusión perfecta de montañas, como el Cerro Castor, el Cinco Hermanos y el Monte Olivia, glaciares, como el Martial, y mar, con el marco imponente del Canal de Beagle en su extensión, y más allá el místico Faro del Fin del Mundo.

ushuaia

Además, Ushuaia es una combinación de naturaleza y bosques, y de una fauna que, si bien no es autóctona, es ya una característica de la capital fueguina: con castores y conejos como los protagonistas absolutos, mezclados con los originarios y vistosos cauquenes . Y entre los platos típicos, la centolla figura entre los preferidos del turista, aunque no se queda atrás el cordero patagónico.
Lo cierto es que al llegar al aeropuerto, nos dirigimos hacia la Hostería “Rosa de los Vientos”, en donde Pablo Tibaudin nos recibió y nos hospedó durante nuestra estadía en Ushuaia, en una bonita y confortable habitación con vista a la calle Roca. Esa misma noche subimos al último piso del edificio para conocer el fabuloso mirador, desde donde tuvimos el primer contacto con la ciudad. Y después, llegó el momento de la cena. El lugar elegido fue “Gustino”, en la esquina de Maipú y Laserre, en diagonal al puerto ushuaiense. Allí probamos riquísimos platos del sur argentino, en un ambiente tranquilo, con luz tenue y una música en vivo muy agradable, que contribuyó a que la velada sea excelente.
Y al día siguiente, comenzamos a conocer la ciudad. Porque a Ushuaia se la puede conocer de distintos modos, por tierra, por aire, por agua, en un bus histórico, en un barco hacia el fin del mundo, o en un tren que recoge la historia de los antiguos habitantes de la ciudad, esos que le dieron las primeras formas al lugar, una historia y una cultura para transmitir.

Fuente: Teleaire.com

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