Hoy vamos a contarles de nuestro viaje a las playas de Varadero, uno de los parajes más lindos y reconocidos de toda la isla cubana. Con aguas transparentes y cristalinas, y una calma que se transmite a los cuerpos y las mentes de cada uno de los turistas que visitan el lugar y que, sin dudas, no quieren dejarlo.

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Porque Varadero es una delicia para todos los sentidos. En aquella ocasión, nuestro viaje había empezado en el Aeropuerto Internacional de Cuba, que se encuentra ubicado a pocos kilómetros de la capital de la isla. Al llegar, lo primero que hicimos fue rentar un auto para disponernos a recorrer las casi tres horas que separan La Habana de las playas de Varadero.
Durante todo el recorrido bordeando la costa de la isla, vivimos una fusión armónica de imágenes y sonidos que nos hacía reconfortar observando el maravilloso océano, las enormes canchas de baseball y los “wawa” (el transporte público cubano por excelencia, donde por casi 5 euros, se puede viajar durante todo el día en tantas direcciones como quiera).
Y una vez en Varadero, fuimos a caminar por las playas eternas, que se caracterizan porque son de una fina arena blanca y descienden suavemente hacia un mar que encierra una incomparable gama de azules.
Sin dudarlo, un lugar que no se puede dejar de visitar si se está en cuba es la casa de DuPont (la cual lleva por nombre el de Mansión Xanadú), ubicada en el punto más alto de la Península, conocido como la Peña de San Bernardino. Construida en maderas y piedras preciosas como el caoba, el cedro, mármoles italianos, españoles y cubanos, la casa es de acceso público y funciona como restaurant y hotel.
Y así, tarde tras tarde, nos recostábamos a mirar los atardeceres desde la Mansión Xanadú, siendo testigos privilegiados de un paisaje único, con predominio de los tonos naranjas y amarillos de la calurosa noche cubana.

Fuente: Teleaire.com

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