Hace poco estuvimos en Montevideo, la capital de la República Oriental del Uruguay y la ciudad más grande del país, en donde la gente va a trabajar con sus termos de agua caliente debajo del brazo y los mates listos para ser bebidos.

Porque la capital uruguaya fusiona de manera original la modernidad tangible en su urbanística, en su ordenada red de transportes públicos y en los ritmos habituales y constantes de toda gran ciudad, marcados por el trabajo y la rutina diaria, con ese otro tiempo, más lento, si es que tal cosa es posible, un tiempo que transcurre entre mate y mate, como una postal tradicional en plena contemporaneidad, en donde la amabilidad y el respeto por el prójimo aún es posible. Y esta, justamente, por sobre otras cualidades, es la que hace de Montevideo un lugar único.
Geográficamente, la ciudad está ubicada en la zona meridional del país y es la capital más austral de toda América. Tiene costas sobre el Río de la Plata, que a esa altura presenta un nivel elevado de salinidad y de oleaje, producto de las mareas, ya que la desembocadura al Océano Atlántico queda muy cerca de allí.
Montevideo ofrece al turista en el lugar, múltiples y variados paseos, salidas, lugares de entretenimiento y diversas atracciones, sitios para comprar recuerdos y artesanías, y una rica oferta gastronómica. Hay amplios espacios verdes, tanto dentro como en la periferia de la ciudad, como el barrio Parque Rodó, un amplio parque de 25 hectáreas.
Además, en el Parque Batlle, conocido otrora como “Parque de los Aliados”, se encuentra el Estadio Centenario, aquél en el que se realizó el primer mundial de fútbol de la historia, que fue ganado por Uruguay.
Cabe destacar que en Montevideo, la Avenida 18 de Julio es la arteria principal; nace en la Plaza Independencia, en el límite con la denominada Ciudad Vieja, y termina en el Boulevar Artigas, en Tres Cruces, donde se encuentra erigido el Obelisco a los Constituyentes.
Fuente: Teleaire.com
