Península Valdes
Valdes es sinónimo de fauna salvaje, uno de los lugares más bellos de la Argentina. (Ver Hoteles en Argentina) La inmensa mayoría de los turistas que llegan a la península lo hace impulsada por e mismo motivo: observar animales tan exóticos como los que se ven en los documentales de televisión, pero en vivo y en directo.
Es como el Arca de Noe la puerta de la región patagónica: según la época del año, se transforma en apostadero de pingüinos magallánicos, morada de lobos y elefantes marinos y hogar de una incontable variedad de aves.
Eso sin mencionar a las orcas que se acercan de febrero a marzo, a las toninas overas y, por supuesto, a las ballenas francas –especie protegida y declarada Monumento Natural- que vuelven cada año a las costas del Golfo Nuevo a reproducirse. Mientras tanto, también la inmensa y solitaria estepa es un atractivo extra.
Allí viven especies animales autóctonas como choiques –andues-, maras –roedores conocidos como liebres patagónicas-, guanacos, flamencos y zorros grises.
En Valdés la población animal supera a la humana. Los aeropuertos para llegar a la región son dos: Trelew o Puerto Madryn, ambos anclados fundados por galeses que llegaron en 1865 a bordo de la embarcación Mimosa y se diseminaron por toda la provincia de Chubut.
Todavía en las localidades como Gaiman se mantiene la tradición del té galés. Para ingresar a la península es preciso tomar la ruta 3 y empalmar luego con la ruta 2. Unos 70 kilómetros al norte es está la entrada a la reserva (donde se paga el ingreso, que sirve para todas la estadía, siempre y cuando se permanezca dentro de sus limites).
La península está unida al continente por el istmo Ameghino, un brazo de tierra de 35 km de largo, flanqueado por los golfos Nuevo y San José. El 90 por ciento de los 4.000 kilómetros que la componen pertenecen a estancias privadas.
El único enclave urbano es Puerto Pirámides, que casualmente no tiene puerto. La villa fue una pequeña aldea marítima escoltada por dos acantilados que recuerdan a las pirámides egipcias, hace cien años ganó fama porque su mar era un tesoro para los cazadores de lobos marinos, y hoy es un generoso conjunto de casas desperdigadas entre los medanos del Golfo Nuevo, el punto de partida para las embarcaciones que se aproximan a las famosas ballenas.
Tierra adentro aparece Punta Pardelas, donde los buzos tienen su inmersión de bautismo. La orilla escarpara está llena de cuevas y, mar bajo, los acantilados continúan esculpiendo el territorio.
Durante la marea baja, queda al desnudo una alfombra de crustáceos y ojos de agua salada.
En los extremos norte y sur de la península, Punta Norte y Punta Delgada, se encuentran los lobos y elefantes marinos descansando a sus anchas sobre la playa, de cara al mar azul y a las verdes restigas. Allí es también donde se ubican las tradicionales estancias turísticas (La Ernestina, Rincón Chico y el hotel estancia Faro Punta Delgada), a las que se fueron sumando en los últimos años las nuevas apuestas de hoteles cinco estrellas como Las Restingas, en Puerto Pirámides y Territorio en Puerto Madryn.
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