Luego de pasar la noche en Milla Piuke, Junín de los Andes, salimos al encuentro de la Ruta Provincial Nº 23 con rumbo a Aluminé. Pero en el camino, sobre la margen derecha del río homónimo, nos sorprendió Pilolil o “Roca Agujereada”, una impresionante formación de origen volcánico que decidimos ir a conocer de cerca.

Después del desayuno emprendimos el viaje hacia Aluminé. Fue Mariel, dueña de Ñilla Piuke, quien nos enseñó un folleto con reseñas de Pilolil y nos sugirió que fuéramos a conocer el paraje, en donde hay pinturas rupestres de años inscriptas en la piedra. Así que, durante el camino, con impresionantes paisajes, característicos de la altura cordillerana neuquina, estuvimos siempre atentos a ver “la roca de la foto”, o la “roca agujereada”, tal la traducción del mapuche original.
Y tras cruzar el Río Aluminé, nos desviamos de la Ruta Provincial Nº 23 hacia la derecha con destino a Pilolil. El camino, de ripio y de cornisa, aunque corto no estaba en un estado ideal, por lo que aconsejamos a todos los que vayan a hacerlo tomar los recaudos necesarios. Al llegar, nos dirigimos hacia la casa de la familia Díaz, los moradores de Pilolil, en donde fuimos recibidos por la familia en su conjunto para que, en compañía de uno de los hijos mayores, fuéramos a conocer la pintoresca roca de origen volcánico y sus inscripciones rupestres de estilo “grecas”, con una antigüedad superior a los mil años. Para nuestra sorpresa, resultó que la formación es, además, un fantástico mirador natural, desde cuya altura se pueden captar impresionantes paisajes de la región.
Una recomendación importante: para conocer las pinturas rupestres en Pilolil hay que caminar literalmente sobre las rocas, por lo que es imprescindible ir con un calzado apropiado para ese tipo de suelos, que no resbale y, además, tener en cuenta que se está en una altura elevada, por lo que se debe tener cuidado, sobre todo con los niños.
Fuente: Teleaire.com
