Punta del diablo, tranquilidad natural en Uruguay.
Punta del Diablo debe su nombre a un accidente geógrafico: tres puntas rocosas decoran sus playas, internándose al mar como si fueran un “tridente”. El nombre del pueblo, tiene paradójicamente un paisaje y ambiente que remite a un pequeño y apacible paraíso. Es apenas una aldea de pescadores ligada al turismo de playa, donde lo que reina es sin duda la tranquilidad:

Punta del diablo, es quizás todo lo contrario de su contrapartida uruguaya, Punta del Este. Lejos del bullicio y la movida de la ciudad de playa más famosa de Uruguay, el Balneario Punta del Diablo es en cambio apenas un caserío…encantador. Situado en el departamente de Rocha, a sólo 300 kilómetros de la capital Montevideo y casi en la frontera con Brasil, el pequeño pueblo junto al mar conserva las tradiciones de pequeñas embarcaciones de pescadores amarradas a las playas desoladas, en un lugar aislado y al natural.

Punta del diablo cuenta con 10 kilómetros de playas tranquilas bañados por un mar de aguas verde azulado, entre formaciones rocosas que se asoman en la arena salpicadas por la espuma del mar revuelto. El mar y las playas se conservan casi vírgenes. El pueblo, de apenas 650 habitantes, se transforma en verano con la llegada de turistas atraídos por la tranquilidad y originalidad del lugar. El caserío multicolor, se compone de casas rústicas, ranchos y cabañas, de techos de paja y materiales improvisados que se adaptan al suave declive del cerro Ribero hasta llegar a la playa. Entre médanos y rocas, el cuadro se completa con las embarcaciones de pescadores tradicionales y gaviotas.

Punta del diablo se resiste a la urbanización y a la invasión de masas con indiferencia. Sus construcciones se niegan a ser ostentosas y conservan una originalidad que preserva el ambiente de aldea marina. El tiempo parece detenerse, y sin embargo, su magia se vuelve atractivo. Preparada para “hospedar turistas”, animados restaurantes y pequeñas hosterías con estilo propio se alternan en el caserío aumentando cada vez más las comodidades y servicios, pero conservando el encanto. Punta del Diablo, parece haber nacido para “no existir”. De hecho, hace cincuenta años, no figuraba en ningún mapa, ni había caminos directos para llegar. Su aislamiento es su verdadero encanto, y sus pobladores, han sabido preservarlo casi intacto.
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Comentarios al artículo
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Fecha: October 17, 2008 at 9:22 pm
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