Para los amantes del trekking existe una opción para descubrir un territorio desconocido, menos para los indios Pemones, etnia que es dueña de estos terrenos de la selva tropical y que la conocen más que cualquiera. Es el Monte Roraima, un tepuy que es llamado así por ser el más alto y extenso de la sabana tropical venezolana que hace de triple frontera con Guyana y Brasil. Evoca el origen remoto de la era precámbrica cuando América y África eran uno solo. Roraima posee una multitud de cañones, presenta paisajes contradictorios que van de la selva lluviosa a un desierto rocoso.
Para llegar hasta allí, nos demoraremos un promedio de tres días, con cinco o seis horas de caminata diaria. Para los que no están acostumbrados a las altas temperaturas, el clima tropical les podrá chocar. Sin embargo, nuestras ganas de descubrir los lugares más apasionantes, nos estimulara a que nadie nos detenga. Así, que manos a la obra; y nuestro punto de partida será el poblado de Parateipui, en Santa Elena de Urain.
En el camino nos toparemos con los saltos del Kama-Merú y el Kamoiran y las numerosas orquídeas típicas de la zona. No olvidemos nuestra ropa, saco de dormir, la tienda de campaña, y todo lo necesario para convivir con el clima temperamental. Recuerde que a veces llueve muy fuerte. Por ello es imprescindible que nos acompañe algún nativo, que oriente la marcha. Ellos conocen al Roraima como la Madre de Todas las Aguas, porque desde ella nacen varios ríos.
Cuando estemos cerca, divisaremos al Kukenán, de 2.650 metros de altura, que es el tepuy hermano del Roraima. Veremos una caída de agua de más de 600 metros de desnivel, que es la segunda más alta del mundo después del Salto del Ángel. Pero, en el trayecto, se nos cruzaran el Río Tok. Habrá que superarlo, y enfrentar luego el Paso de Lágrimas, donde atravesaremos obligadamente una cascada, la cual se convierte en la puerta del Roraima.
Las condiciones geológicas serán la fuente de una fauna y flora muy original. Hay una rana negra, bautizada como oreophrynella . Es pequeña y sorprendentemente no salta. Nuestra vista nos llevará hacia la drosera roraimae, carnívora y de intenso color rojo, que resalta en ese cielo que parece ser testigo de la lucha continúa entre nubes. No podemos perdernos de esta exhibición, que solo la encontraremos en Roraima. Ahí nos vemos.



