Buenos Aires es una de las ciudades más bohemias de toda Sudamérica, donde se mezcla alegremente la civilización e impulso de un país con el desbande de pulsiones, malcriadeces extravagantes y sensualidad en cada uno de sus coloridos y estrechos rincones. Buenos Aires –aparte de entregarse apasionadamente al fútbol cada fin de semana- es una ciudad dada al arte, a la pintura y en importante medida a la danza. Pero viajar a Buenos Aires significa descubirir no cualquier danza, sino una muy especial. Buenos Aires no es el epicentro donde se dan cita y exhiben muchas danzas foráneas sino que tiene la suficiente personalidad para tener una propia. Una tan conocida alrededor del mundo, principalmente por su sensualidad en la ejecución, que debido a esta miles de turistas llegan tan sólo para ver de cerca de los maestros… del Tango.
El Tango nace en las entrañas de la capital argentina, por lo que es de calidad netamente urbana. Su característica principal es su sensualidad explícita dada por el coqueteo realizado en andas de la danza, donde la pareja siempre abrazada –y vestida de manera elegante, como “uniforme oficial” de los danzantes- se mira y retoza al ritmo acompasado de la música. A decir verdad es un baile bastante complejo, que requiere de mucha dedicación para su aprendizaje.
En el centro de Buenos Aires existen cientos de lugares donde el tango y la gastronomía rioplatense –parrillas o lo relacionado con carnes- se juntan para el disfrute de los diversos visitantes ávidos de empaparse de la cultura argentina, muy difundida en primera instancia por el baile en cuestión. De estos destacan Complejo Tango, Boca Tango, Esquina Carlos Gardel y El Viejo Almacén.
Si bien el tango es un baile elegante que tiene mayor arraigo en las clases media alta de la ciudad, por lo que los lugares que ofrecen los mejores shows son medianamente exclusivos. Pero esta es una actividad que encuentra identificación en todo tipo de estrato, hasta en los más humildes, que ven en las milongas los lugares idóneos para disfrutar de este arte, sin el mismo glamour -claro está- pero con la misma pasión, propia de la sociedad bonaerense. Café Tortoni, Centro Cultural Torquato Tasso, La Viruta Tango y Bar Sur son las principales milongas.
El inicio del tango, en lo que a lírica se refiere, fue grosero y burdo, dedicando sus improvisadas letras a la vida de burdeles y bohemia, evolucionando al pasar los años en puro garbo y elegancia, que es como se disfruta ahora.



